Algo para recordar (vol 2)
Fé de erratas: A propósito del vol.1, debo decir que, debido al poco tiempo que he tenido desde que regresamos a España hasta el momento de publicación, existen en torno a miles de erratas en el volumen 1 de este manuscrito. Como mi torpeza inicial o "To" no ha hecho más que incrimentarse desde mi nacimiento, desgraciadamente no me he dado cuenta más que de una. No obstante, gracias al gran pingüino gigante, Isra ha logrado ver otra. Como la supresión de estas dos erratas supone un descenso en el número de errorcines en el documento prácticamente despreciable, no voy a cambiarlas. Pero como hay que ser honrado y todo eso, ya que las hemos visto, os las digo! En primer lugar, donde digo "el 18 vimos Leipzig, dormimos, y nos fuimos" debería haber dicho "después de ver el museo de historia alemana, el 18 por la tarde-noche llegamos a Leipzig. Después de un agotador día de carretera (y si no que se lo digan al conductor) decidimos que cenar era igual una buena idea. El camping era lo bastante grande, así que intuímos la existencia (la unicidad se intuía porque "no era tan grande") de un restaurante, y allá fuimos. Al final encontramos el valor que anulaba la función, y entramos. ¡Resultó que la señora camarera era aún más rancia que las duchas! No quisieron hablar inglés (¡neig!) así que nos largamos al núcleo urbano de Leipzig. Resultó ser una ciudad igual de bonita que lo que comenté en el vol.1, sólo que era de noche. Buscamos por todas partes algún sitio donde zampar algo, y encontramos un buffet indú. Nos pareció tan barato que nos planteamos el comer allí al día siguiente y ahorrarnos las siguientes 3 ó 4 comidas de los próximos días. En cualquier caso, de noche no existía la opción, y los rugidos de nuestros estómagos no hacían más que aullentar a los pocos cocineros que querían darnos de comer. Pero… oye, Tabs, ¿no llevábais fiambre? Resultó que olvidamos comprar pan y… bueno… oye, que un día es un día. ¡Y tanto que lo era! Encontramos un mexicano abierto, a las 22.00 de la noche (que debían ser como nuestras 5.00 de la madrugada, porque allí no había vida ni había ná!) y nos zampamos todo lo que pudimos y más, acompañados de una cerveciux. Amanecimos llenos y contentos, y nos fuimos a ver Leipzig, esta vez sí, de día…." y donde dije "pero Isra sólo llevaba 3 pantalones cortos y dos largos" debía de haber escrito algo así como "pero Pérez trajo únicamente 3 pantalones cortos, uno largo y otro pirata… y mira que hizo frío, porque joder con los aerolitos… ¡pero no adelantemos acontecimientos! El caso es que…" Total, que disculpen las molestias ocasionadas, los secuestros, divorcios y asesinatos debidos a mi error, y quédense con la duda de quién fue el segundo amor israeliano del viaje, porque seguramente Jacobo no me dejará comentar que fue él (porque el primero fui yo =D).
…el tercero fue una mujer, pero ese ya será otro Blog…
Pues eso! Que al final como el que no quiso la cosa comimos en el buffet indú. La comida era buena. La variedad no tanto… bueno, había dos primeros y dos segundos disponibles. ¡Y lichis de postre! Obviamente, como buenos guiris probamos todos y cada uno de los platos, y nos zampamos nuestra buena ración de Lichis. En realidad, el que peor lo pasó fue Isra. El pobre se llenó ya con el segundo plato, y le dolían estómago y tripa, las dos cosas. No es que Isra sea muy delgadito y no pueda comer mucho… ¡es que el tipo se llenó los platos a más no poder! "Nah, si es por andar menos, quemar menos calorías en los viajes, y así aprovechar más esta oportunidad alimenticia…" Fue lo bastante sabio como para pasar al postre cuando ya estaba a punto de vomitar… y aunque no le gustaron los lichis, fue lo bastante educado como para no dejarse ninguno en el plato! Así estuvo el pobre todo el camino… bueno, ya os imagináis… encima de no ser ligerita la comida, la temperatura tampoco era la más apropiada. Total, que nos metimos en el coche y pusimos rumbo a Dresden. Ciudad bonita donde las ha(Sé lo que estáis pensando, y no. Isra no vomitó en el coche)ya. La susodicha está dividida en dos cachos bien diferenciables (continuos y con derivadas laterales iguales, ya sabéis…), por un inmenso, limpito y casi suave río. En una de las orillas, por cierto, se estaba preparando un conciertazo con muy buena pinta. Desgraciadamente nos fuimos antes de tener la oportunidad de verlo. En cualquier caso, recuerdo que la primera de las tormentas nos cayó allí. Lo cierto es que fue un descanso después de la calurosa Berlín… se conoce que según vas bajando en el mapa Alemán las ciudades son cada vez más lluviosas. En esa ocasión, tuvimos la oportunidad de probar un riquísimo helado con café (aunque algún que otro goloso Jacobiano no nulo se tomó un chocolate con una pinta estupenda!), y de ver cómo surgía entre tanta nube negra un sol de lo más hermoso. Cuando, aun sin querer, tuvimos que abandonar Dresden, nos prometimos que la guardaríamos siempre en nuestros corazones. La verdad es que creo que las ciudades con río (las que tienen río de verdad, no el manzanares, digo…) tienen un encanto especial. Una especie de… "color" que las hace atractivas. Pero lo dicho, no confundir río azul oscuro con río verde claro… ese color no es tan atractivo. De hecho me da asco. Me dan ganas de vomitar cuando lo veo. Es la cosa más asquerosa que te puedes encontrar. Bueno, igual los pilones de los pueblos conquenses son más asquerosos… pero vamos, que yo no apostaría nada a su favor. Pero bueno, lo dicho, que de Cuenca a Babaria hay tanta diferencia como distancia. Y hacia Babaria estábamos marchando, en busca de corazoncitos y otros que-haceres. Dormimos cerca de Dresden, en el patio de un paisano, y marchamos al día de las infinitas ciudades. La primera de ellas se llamaba Chemnitz. Es un nombre difícil de recordar, pero es que ahora tengo chuleta! En esta apacible villa es donde nació y vivió (según tengo entendido) Karl Marx, un tipo comunista donde los haya. De hecho, era tan comunista, que en la época en la que ese cachitejo de Alemania era propiedad de la URSS llamaron a la ciudad "Karl Marx State". Su cabeza de hierro aumentada unas cuantas veces está expuesta en medio de una calle principal. La verdad es que daba un poco de miedito. Como era obvio por las inclinaciones políticas de nuestro pintoresco grupo de viajeros, nos hicimos unas cuatrocientas (de las cuales 350 eran con Jacobo) fotos con la cabeza del señor comunista, y nos volvimos a doblar para coger en el coche. De ahí fuimos a Jena, de donde lo único que recuerdo es que le compré una postal a una linda palomita que andaba por ahí revoloteando en mi cabeza, y luego tiramos directos hacia Weimar, la ciudad de Goethe. Allí visitamos las innumerables viviendas de Goethe (dos en total) y vimos el caracol más grande del mundo. Creo que si todos los caracoles fueran así de grandes, el mundo sería hoy muy diferente a como lo conocemos. Pero no nos dejamos arrastrar por el miedo (la carencia de babas nos aportaba demasiado rozamiento) y le dejamos vivir en su gigante lentituz. Dormimos en las proximidades de Erfurt (una ciudad de Alemania) y nos despertamos más o menos en el mismo sitio. Era ya 20 de Julio, ¡y el tiempo apremiaba! Total, que tiramos hacia la siguiente ciudad, de la que no recuerdo ni el nombre. Lo acabo de ver en el chuletario, y se llama "Bamberg". Sólo soy capaz de recordar una cosa de esta ciudad, y es que fue una de las que más me gustó. No recuerdo qué diantres había allí, pero si pasáis cerca entrad, porque molaba mogollón… (fuera lo que fuere) además, no podéis negarme que el nombre es atractivo! Aunque la idea era pasar un día entero en la siguiente ciudad, Nuremberg (donde los juicios contra los diligentes nazis después de la segunda guerra mundial y todo eso…), nos gustó tan poco que decidimos seguir nuestra ruta hasta el corazón de Baviera o Bavaria. Oye Tabs…¿qué hay en Bavaria que tanto la nombras? ¡Salchichas, mostaza dulce y Weiss Bier! Dejadme decir algo sobre estas tres cosas… están tan ricas solas allí como combinadas en el Oldenburg… ¡haceros idea del orgasmo culinario! Llegando a los corazones de colores, el corazón de Bavaria, la sede de las salchichas o Munich, como queráis llamarlo, empezó a llover. Al principio poco, luego mucho… vamos, que Dios nos castigó por pasar tanto de Nuremberg. Justo cuando parecía que no podía ir a peor, cuando Jacobo a penas sí veía la carretera, cuando íbamos a 60 por una autopista alemana (dejadme decir algo acerca de las autopistas alemanas: son bonitas, grandes, llenas de puntos en los que te puedes parar a comer… ¡y no tienen límite de velocidad!), cuando en definitiva nada podía ser peor, amainó, y seguimos hacia adelante. Ya entrando en Munich es cuando la cosa empezó a complicarse. Existe una amiga común, una hypática muy simpática, que está de Erasmus en Munich, y ya que estábamos allí, quedamos para cenar (o lo que surgiera) con ella. Según nos dirigíamos al camping para poner la tienda y marchar de excursión nocturna, un equivalente en agua al océano atlántico empezó a caer (por segundo) sobre nuestras cabezas. Y justo cuando parecía imposible poner la tienda de campaña de rigor y la señora de la recepción del camping nos había convencido para coger una caravana y dormir sobre sequito, empezó a granizar. No puedo describiros bien el tamaño, pero era significativo, os lo juro. Entramos en el coche y fuimos dirección a la caravana, debajo de un árbol, a refugiarnos un poco de los cubitos de hielo…cuando la cosa se desmadró! Yo creo que estaban de fiestuki o algo así allá arriba, porque empezaron a caer chunches de agua helada del tamaño de los hielos de los pubs malos. Verdaderos aerolitos con energía cinética suficiente para abrirle a uno en dos la cabeza. O en tres, si fuera preciso. Total, que cuando al fin dejaron de caer cosas de la fiesta celestial teníamos el coche en plan camuflaje o en plan naturalista. A penas sí se distinguía el color original. Cuando Isra salió, metió los pies en un charco lleno de hielos, ¡y chilló del frío! (Quizás olvidé comentar que, como los pies con botas no nos cabían en el coche, teníamos que quitarnos las botas cada vez que entrábamos… así que Isra optó por llevarse las sandalias de la piscina de viaje por Europa, bajo sus pies!) Además, al pobre sólo le quedaban pantalones cortos… total, que hizo más el vasco que el propio Arzallus. Pero siguiendo el orden de acontecimientos, contactamos con nuestra amiga S*A*N*D*R*A y quedamos con ella para comer unas buenas salchichas y recuperarnos del susto. Resulta que llevaba tiempo lloviendo en Munich. De hecho, si recordáis haber hablado en las noticias y-u-o periódicos acerca de unas inundacioens en Munich… ¡esos éramos nosotros! …que llevamos el mal tiempo allá donde vamos. Como resumen de esta ciudad, se puede concluir que hace siempre mucho frío y que por la noche graniza, así que tened cuidado. Además es una ciudad enamoradiza… y cuidado con la Weiss Bier… ¡que engancha! (…además, quién puede resistirse a una jarrita de litro en medio de un sitio que se llama "Bier Garten"?! El día siguiente fue de carácter turístico, nos zampamos un codillo con "chucrunch" o alguna otra palabra más coherente, y dormimos en las proximidades. Esta vez en tienda. A la mañana siguiente pusimos rumbo al sur, para ver un castillejo que estaba en medio de una colina de lo más mono. Era tan mono, que los de la Walt Disney lo utilizaron como logotipo de la productora! Si queréis informaros más sobre el chunche en cuestión, buscad "Neuschwanstein" en vuestro proveedor de información preferido. Nosotros lo miramos en la guía =P. Luego tiramos hacia el norte, en busca de las últimas ciudades de nuestro viaje. Vimos Ausburg (ciudad de los Ausburgo, como ya habrá intuido el paciente lector) y Rothenburg, una preciosa ciudad medieval… con murallas y todo! Una monada, la verdad. Luego hubo más carretera, y cuando estaba acabando el día era 23 por la noche, y hacía sueño. La noche transcurrió en nuestra santa inconsciencia de dormidos, y despertamos con los ánimos renovados. Llegamos prontito a Frankfurt, "pulmón financiero de Alemania, si no de Europa" (By JaCoBo) y nos permitimos el lujazo de un desayuno rico en calorías para gente adinerada, en una cafetería del centro en la que ponían blues y soul a las 9 de la mañana… ¿hay mejor forma de despertarse?! La ciudad no nos convenció demasiado, pero tenía cosas chulas. Muchos rascacielos de acero y cristal, un inmenso y precioso río… y… bueno, lo cierto es que íbamos a quedarnos un día y al final estábamos saliendo de allí antes de comer, así que tampoco la disfrutamos en exceso. Era una gran ciudad, pero carecía del encanto de las casitas de colores que habíamos estado viendo hasta ese momento… Así que fuimos a la universitaria ciudad de Heidelberg. Al principio sospechábamos que la parada se debía exclusivamente al cultivado entendimiento culinario de Jacobo. En Heidelber, puedo secundar, está uno de los más sabrosos kebabs del mundo. O al menos de todos los que yo he probado en el mundo! Pero a parte de eso también había un río, un castillo y casas. Bastantes casas. Además estaba muy chulo, porque a un lado del río parecía el casco viejo de una ciudad alemana normal y corriente, pero al otro lado las casitas estaban puestas en la ladera de una montaña, entre un montón de verde. Una cosa megabonita …aunque no envidio la cantidad de bichejos negros y asquerosos que deben habitar por las casas de las almas de pollo que vivan ahí… En fin, que llegamos, vimos, comimos, zampamos, y nos fuimos. El siguiente destino era Baden-Baden. Una ciudad balneario. De hecho, dicen las malas lenguas, La ciudad blaneario de Europa. Vamos a dejar algo claro. Yo he estado en Karlovi Vari, una ciudad balneario en las proximidades de Praga, República Checa. Allí me dijeron que esa ciudad era el Baden-Baden checho. Pero francamente… ¡y un carajo! Baden Baden es el Karlovi Vari alemán! Veréis, allí la gente va porque hay unas aguas termales medicinales que sientan de maravilla. Por lo general son aguas a distintas temperaturas que tienen sabores a distintos óxidos de diferentes metales. En Karlovi Vari había ciento y la madre de fuentes (vamos, estuve toda la noche meando después del empacho) distribuídas por toda la ciudad, en plazas, superbonitas, llenas de gente paseando con sus vasijitas… una pasada, vaya. En Baden-Baden sólo había casas de masaje, supermercados horribles sin un atisbo de compasión por los que disfrutamos de nuestra gordura (¡todos los alimentos eran dietéticos! Y lo demás estaba dedicado a la belleza. Para que os hagáis una idea, si en total había unas 8 estanterías de productos, una entera estaba dedicada a los tintes de pelo… ¿os parece normal?), muchas cuestas… y eso sí, un spa gigante con tres tristes fuentes en línea recta, que sabían muy parecidas, y de las que no bebía nadie! Yo creo que Jacobea, Isra y yo fuimos las únicas personas que lo probamos esa semana…o ese mes, vaya usted a saber. Podía estar el agua envenenada sin que nadie se diera cuenta… Pero bueno, a pesar de eso, la ciudad muy mona, eh? Además, tenía un Butlers. Butlers es una tienda de cosas "guays" para la casa. Por ejemplo, Isra y yo pasamos el viaje enamorados (no entre nosotros, oiga) de una almohada-polo que vendían en Butlers (es que toda Alemania estaba plagada de estas pintorescas a la par de divertidas tiendecitas). La poloalmohada se basaba en: un cojín de dos colores con forma de polo, y un palo de gomaespuma que salía del interior, que hacía las veces de palo del polo. Vamos, toda una monada. Pero el coche ya estaba colmado, así que nos fuimos con las manos vacías. Luego marchamos al camping más cercano a dormir en la habitual tienda de campaña, y nos levantamos con la habitual cara de "cinco minutitos más… porfiii…." Freiburgo era una ciudad bonita. Además tenía una tienda de peluches gigantes de los que todos nos enamoramos. Sobre todo Isra. La iglesia era grande y oscura, casi tenebrosa. Echamos un ojo por la ciudad, y nos dispusimos a cruzar la frontera alemana. Todo pasó muy rápido. Llegamos a un sitio, cruzamos un puente, y de pronto estaba todo en francés. Por culpa de aquello tuve que deshacerme de los dos sellos alemanes que había comprado anteriormente, y hacerme con otros tantos válidos en franchutelandia. No me preguntéis cómo, pero el caso es que Bea también sabe francés… y creo que gracias a ella salimos con vida. ¿Qué había en Francia? Muchos franceses, principalmente. Vimos Colmar allá por el medio día, una ciudad próxima a la frontera con bastante encanto. Casi un pueblecito, diría yo. Nos comimos allí unas crepes de lo más cremosas y partimos rumbo a la ciudad menos hospitalaria de américa: Lyon. Nos dejamos timar en una cafetería (me dirá usted que 3 euros por un chupito de café expresso no es un robo…) y pasamos al estado de consciencia habitual: las calles están sucias y la gente puede ser muy desagradable. Sé que parece obvio… pero es que en Alemania, Suecia y Dinamarca esas cosas no pasaban! Cuando salimos de Lyon pusimos rumbo al camping más lejano, y acabamos en un pueblecito llamado Remoulins, o algo así. Era 25 de Julio, y además muy tarde. El primer camping al que fuimos estaba lleno, y el segundo también. Al tercero le pasaba lo mismo… y en el cuarto pudimos comprobar que no es que estuvieran llenos… es qeu a partir de cierta hora los ponen como llenos y no aceptan más gente. Total, que eran las 23.00 de la noche y no teníamos donde dormir. Probamos con un camping más, y… justo cuando estábamos a punto de perder la esperanza, ¡encontramos un albergue! El señor que se encargaba de esas cosas por allí nos dijo que su albergue estaba lleno y que lo sentía mucho. Total, que acabamos en un hotelillo del centro de Remoulins, donde nos dieron una habitación para los cuatro por 67 eurillos. La parte mala del asunto es que sólo había dos camas, y aunque yo quería dormir con Jacobo al final me tocó con Isra… Creo que no le gusto, porque no intentó abusar de mí en toda la noche… =( Cuando despertamos ya era de día, y queríamos llegar a Madrid antes de que fuera de noche, así que hicimos kilómetros, kilómetros y kilómetros, comimos en un pueblo catalán de esos que están siempre cuesta arriba, vayas en el sentido que vayas, y llegamos a Madrid a las 20.XX de la noche. Siento dar tan poco detalle de este último trozo del viaje… pero fue lo último que suciedió y lo tengo menos reciente… ¡recordad que mi memoria es finita y volátil!
Total, que el viaje una pasada. Además de aprender mogollón de cosas, conocer las ciudades más importantes de Alemania, ver mundo y poder comparar otras culturas y otras civilizaciones con la nuestra (cosa que nunca está de más), fue, al menos para mí, una oportunidad de oro para conocer más a fondo a mis tres compañeros de viaje, que no tuve ocasión (ni intención) de desaprovechar! Así que, chicos, si leéis esto… ya sabéis lo que opino. Este viaje ha sido, sin duda alguna, algo para recordar.
¿Para cuándo el siguiente?
PD: [El viaje desde otra perspectiva en el blog de Isra! ][Bastantes imágenes valen más que muchas palabras: fotos de Jacobea!][Para no perderse en Alemania: mapa del itinerario seguido por nuestros intrépidos aventureros]
PDD: …y al final, sí, matamos a Bill…
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