Algo para recordar (vol 2)

Fé de erratas: A propósito del vol.1, debo decir que, debido al poco tiempo que he tenido desde que regresamos a España hasta el momento de publicación, existen en torno a miles de erratas en el volumen 1 de este manuscrito. Como mi torpeza inicial o "To" no ha hecho más que incrimentarse desde mi nacimiento, desgraciadamente no me he dado cuenta más que de una. No obstante, gracias al gran pingüino gigante, Isra ha logrado ver otra. Como la supresión de estas dos erratas supone un descenso en el número de errorcines en el documento prácticamente despreciable, no voy a cambiarlas. Pero como hay que ser honrado y todo eso, ya que las hemos visto, os las digo! En primer lugar, donde digo "el 18 vimos Leipzig, dormimos, y nos fuimos" debería haber dicho "después de ver el museo de historia alemana, el 18 por la tarde-noche llegamos a Leipzig. Después de un agotador día de carretera (y si no que se lo digan al conductor) decidimos que cenar era igual una buena idea. El camping era lo bastante grande, así que intuímos la existencia (la unicidad se intuía porque "no era tan grande") de un restaurante, y allá fuimos. Al final encontramos el valor que anulaba la función, y entramos. ¡Resultó que la señora camarera era aún más rancia que las duchas! No quisieron hablar inglés (¡neig!) así que nos largamos al núcleo urbano de Leipzig. Resultó ser una ciudad igual de bonita que lo que comenté en el vol.1, sólo que era de noche. Buscamos por todas partes algún sitio donde zampar algo, y encontramos un buffet indú. Nos pareció tan barato que nos planteamos el comer allí al día siguiente y ahorrarnos las siguientes 3 ó 4 comidas de los próximos días. En cualquier caso, de noche no existía la opción, y los rugidos de nuestros estómagos no hacían más que aullentar a los pocos cocineros que querían darnos de comer. Pero… oye, Tabs, ¿no llevábais fiambre? Resultó que olvidamos comprar pan y… bueno… oye, que un día es un día. ¡Y tanto que lo era! Encontramos un mexicano abierto, a las 22.00 de la noche (que debían ser como nuestras 5.00 de la madrugada, porque allí no había vida ni había ná!) y nos zampamos todo lo que pudimos y más, acompañados de una cerveciux. Amanecimos llenos y contentos, y nos fuimos a ver Leipzig, esta vez sí, de día…." y donde dije "pero Isra sólo llevaba 3 pantalones cortos y dos largos" debía de haber escrito algo así como "pero Pérez trajo únicamente 3 pantalones cortos, uno largo y otro pirata… y mira que hizo frío, porque joder con los aerolitos… ¡pero no adelantemos acontecimientos! El caso es que…" Total, que disculpen las molestias ocasionadas, los secuestros, divorcios y asesinatos debidos a mi error, y quédense con la duda de quién fue el segundo amor israeliano del viaje, porque seguramente Jacobo no me dejará comentar que fue él (porque el primero fui yo =D).

 …el tercero fue una mujer, pero ese ya será otro Blog…

Pues eso! Que al final como el que no quiso la cosa comimos en el buffet indú. La comida era buena. La variedad no tanto… bueno, había dos primeros y dos segundos disponibles. ¡Y lichis de postre! Obviamente, como buenos guiris probamos todos y cada uno de los platos, y nos zampamos nuestra buena ración de Lichis. En realidad, el que peor lo pasó fue Isra. El pobre se llenó ya con el segundo plato, y le dolían estómago y tripa, las dos cosas. No es que Isra sea muy delgadito y no pueda comer mucho… ¡es que el tipo se llenó los platos a más no poder! "Nah, si es por andar menos, quemar menos calorías en los viajes, y así aprovechar más esta oportunidad alimenticia…" Fue lo bastante sabio como para pasar al postre cuando ya estaba a punto de vomitar… y aunque no le gustaron los lichis, fue lo bastante educado como para no dejarse ninguno en el plato! Así estuvo el pobre todo el camino… bueno, ya os imagináis… encima de no ser ligerita la comida, la temperatura tampoco era la más apropiada. Total, que nos metimos en el coche y pusimos rumbo a Dresden. Ciudad bonita donde las ha(Sé lo que estáis pensando, y no. Isra no vomitó en el coche)ya. La susodicha está dividida en dos cachos bien diferenciables (continuos y con derivadas laterales iguales, ya sabéis…), por un inmenso, limpito y casi suave río. En una de las orillas, por cierto, se estaba preparando un conciertazo con muy buena pinta. Desgraciadamente nos fuimos antes de tener la oportunidad de verlo. En cualquier caso, recuerdo que la primera de las tormentas nos cayó allí. Lo cierto es que fue un descanso después de la calurosa Berlín… se conoce que según vas bajando en el mapa Alemán las ciudades son cada vez más lluviosas. En esa ocasión, tuvimos la oportunidad de probar un riquísimo helado con café (aunque algún que otro goloso Jacobiano no nulo se tomó un chocolate con una pinta estupenda!), y de ver cómo surgía entre tanta nube negra un sol de lo más hermoso. Cuando, aun sin querer, tuvimos que abandonar Dresden, nos prometimos que la guardaríamos siempre en nuestros corazones. La verdad es que creo que las ciudades con río (las que tienen río de verdad, no el manzanares, digo…) tienen un encanto especial. Una especie de… "color" que las hace atractivas. Pero lo dicho, no confundir río azul oscuro con río verde claro… ese color no es tan atractivo. De hecho me da asco. Me dan ganas de vomitar cuando lo veo. Es la cosa más asquerosa que te puedes encontrar. Bueno, igual los pilones de los pueblos conquenses son más asquerosos… pero vamos, que yo no apostaría nada a su favor. Pero bueno, lo dicho, que de Cuenca a Babaria hay tanta diferencia como distancia. Y hacia Babaria estábamos marchando, en busca de corazoncitos y otros que-haceres. Dormimos cerca de Dresden, en el patio de un paisano, y marchamos al día de las infinitas ciudades. La primera de ellas se llamaba Chemnitz. Es un nombre difícil de recordar, pero es que ahora tengo chuleta! En esta apacible villa es donde nació y vivió (según tengo entendido) Karl Marx, un tipo comunista donde los haya. De hecho, era tan comunista, que en la época en la que ese cachitejo de Alemania era propiedad de la URSS llamaron a la ciudad "Karl Marx State". Su cabeza de hierro aumentada unas cuantas veces está expuesta en medio de una calle principal. La verdad es que daba un poco de miedito. Como era obvio por las inclinaciones políticas de nuestro pintoresco grupo de viajeros, nos hicimos unas cuatrocientas (de las cuales 350 eran con Jacobo) fotos con la cabeza del señor comunista, y nos volvimos a doblar para coger en el coche. De ahí fuimos a Jena, de donde lo único que recuerdo es que le compré una postal a una linda palomita que andaba por ahí revoloteando en mi cabeza, y luego tiramos directos hacia Weimar, la ciudad de Goethe. Allí visitamos las innumerables viviendas de Goethe (dos en total) y vimos el caracol más grande del mundo. Creo que si todos los caracoles fueran así de grandes, el mundo sería hoy muy diferente a como lo conocemos. Pero no nos dejamos arrastrar por el miedo (la carencia de babas nos aportaba demasiado rozamiento) y le dejamos vivir en su gigante lentituz. Dormimos en las proximidades de Erfurt (una ciudad de Alemania) y nos despertamos más o menos en el mismo sitio. Era ya 20 de Julio, ¡y el tiempo apremiaba! Total, que tiramos hacia la siguiente ciudad, de la que no recuerdo ni el nombre. Lo acabo de ver en el chuletario, y se llama "Bamberg". Sólo soy capaz de recordar una cosa de esta ciudad, y es que fue una de las que más me gustó. No recuerdo qué diantres había allí, pero si pasáis cerca entrad, porque molaba mogollón… (fuera lo que fuere) además, no podéis negarme que el nombre es atractivo! Aunque la idea era pasar un día entero en la siguiente ciudad, Nuremberg (donde los juicios contra los diligentes nazis después de la segunda guerra mundial y todo eso…), nos gustó tan poco que decidimos seguir nuestra ruta hasta el corazón de Baviera o Bavaria. Oye Tabs…¿qué hay en Bavaria que tanto la nombras? ¡Salchichas, mostaza dulce y Weiss Bier! Dejadme decir algo sobre estas tres cosas… están tan ricas solas allí como combinadas en el Oldenburg… ¡haceros idea del orgasmo culinario! Llegando a los corazones de colores, el corazón de Bavaria, la sede de las salchichas o Munich, como queráis llamarlo, empezó a llover. Al principio poco, luego mucho… vamos, que Dios nos castigó por pasar tanto de Nuremberg. Justo cuando parecía que no podía ir a peor, cuando Jacobo a penas sí veía la carretera, cuando íbamos a 60 por una autopista alemana (dejadme decir algo acerca de las autopistas alemanas: son bonitas, grandes, llenas de puntos en los que te puedes parar a comer… ¡y no tienen límite de velocidad!), cuando en definitiva nada podía ser peor, amainó, y seguimos hacia adelante. Ya entrando en Munich es cuando la cosa empezó a complicarse. Existe una amiga común, una hypática muy simpática, que está de Erasmus en Munich, y ya que estábamos allí, quedamos para cenar (o lo que surgiera) con ella. Según nos dirigíamos al camping para poner la tienda y marchar de excursión nocturna, un equivalente en agua al océano atlántico empezó a caer (por segundo) sobre nuestras cabezas. Y justo cuando parecía imposible poner la tienda de campaña de rigor y la señora de la recepción del camping nos había convencido para coger una caravana y dormir sobre sequito, empezó a granizar. No puedo describiros bien el tamaño, pero era significativo, os lo juro. Entramos en el coche y fuimos dirección a la caravana, debajo de un árbol, a refugiarnos un poco de los cubitos de hielo…cuando la cosa se desmadró! Yo creo que estaban de fiestuki o algo así allá arriba, porque empezaron a caer chunches de agua helada del tamaño de los hielos de los pubs malos. Verdaderos aerolitos con energía cinética suficiente para abrirle a uno en dos la cabeza. O en tres, si fuera preciso. Total, que cuando al fin dejaron de caer cosas de la fiesta celestial teníamos el coche en plan camuflaje o en plan naturalista. A penas sí se distinguía el color original. Cuando Isra salió, metió los pies en un charco lleno de hielos, ¡y chilló del frío! (Quizás olvidé comentar que, como los pies con botas no nos cabían en el coche, teníamos que quitarnos las botas cada vez que entrábamos… así que Isra optó por llevarse las sandalias de la piscina de viaje por Europa, bajo sus pies!) Además, al pobre sólo le quedaban pantalones cortos… total, que hizo más el vasco que el propio Arzallus. Pero siguiendo el orden de acontecimientos, contactamos con nuestra amiga S*A*N*D*R*A y quedamos con ella para comer unas buenas salchichas y recuperarnos del susto. Resulta que llevaba tiempo lloviendo en Munich. De hecho, si recordáis haber hablado en las noticias y-u-o periódicos acerca de unas inundacioens en Munich… ¡esos éramos nosotros! …que llevamos el mal tiempo allá donde vamos. Como resumen de esta ciudad, se puede concluir que hace siempre mucho frío y que por la noche graniza, así que tened cuidado. Además es una ciudad enamoradiza… y cuidado con la Weiss Bier… ¡que engancha! (…además, quién puede resistirse a una jarrita de litro en medio de un sitio que se llama "Bier Garten"?! El día siguiente fue de carácter turístico, nos zampamos un codillo con "chucrunch" o alguna otra palabra más coherente, y dormimos en las proximidades. Esta vez en tienda. A la mañana siguiente pusimos rumbo al sur, para ver un castillejo que estaba en medio de una colina de lo más mono. Era tan mono, que los de la Walt Disney lo utilizaron como logotipo de la productora! Si queréis informaros más sobre el chunche en cuestión, buscad "Neuschwanstein" en vuestro proveedor de información preferido. Nosotros lo miramos en la guía =P. Luego tiramos hacia el norte, en busca de las últimas ciudades de nuestro viaje. Vimos Ausburg (ciudad de los Ausburgo, como ya habrá intuido el paciente lector) y Rothenburg, una preciosa ciudad medieval… con murallas y todo! Una monada, la verdad. Luego hubo más carretera, y cuando estaba acabando el día era 23 por la noche, y hacía sueño.  La noche transcurrió en nuestra santa inconsciencia de dormidos, y despertamos con los ánimos renovados. Llegamos prontito a Frankfurt, "pulmón financiero de Alemania, si no de Europa" (By JaCoBo) y nos permitimos el lujazo de un desayuno rico en calorías para gente adinerada, en una cafetería del centro en la que ponían blues y soul a las 9 de la mañana… ¿hay mejor forma de despertarse?! La ciudad no nos convenció demasiado, pero tenía cosas chulas. Muchos rascacielos de acero y cristal, un inmenso y precioso río… y… bueno, lo cierto es que íbamos a quedarnos un día y al final estábamos saliendo de allí antes de comer, así que tampoco la disfrutamos en exceso. Era una gran ciudad, pero carecía del encanto de las casitas de colores que habíamos estado viendo hasta ese momento… Así que fuimos a la universitaria ciudad de Heidelberg. Al principio sospechábamos que la parada se debía exclusivamente al cultivado entendimiento culinario de Jacobo. En Heidelber, puedo secundar, está uno de los más sabrosos kebabs del mundo. O al menos de todos los que yo he probado en el mundo! Pero a parte de eso también había un río, un castillo y casas. Bastantes casas. Además estaba muy chulo, porque a un lado del río parecía el casco viejo de una ciudad alemana normal y corriente, pero al otro lado las casitas estaban puestas en la ladera de una montaña, entre un montón de verde. Una cosa megabonita …aunque no envidio la cantidad de bichejos negros y asquerosos que deben habitar por las casas de las almas de pollo que vivan ahí… En fin, que llegamos, vimos, comimos, zampamos, y nos fuimos. El siguiente destino era Baden-Baden. Una ciudad balneario. De hecho, dicen las malas lenguas, La ciudad blaneario de Europa. Vamos a dejar algo claro. Yo he estado en Karlovi Vari, una ciudad balneario en las proximidades de Praga, República Checa. Allí me dijeron que esa ciudad era el  Baden-Baden checho. Pero francamente… ¡y un carajo! Baden Baden es el Karlovi Vari alemán! Veréis, allí la gente va porque hay unas aguas termales medicinales que sientan de maravilla. Por lo general son aguas a distintas temperaturas que tienen sabores a distintos óxidos de diferentes metales. En Karlovi Vari había ciento y la madre de fuentes (vamos, estuve toda la noche meando después del empacho) distribuídas por toda la ciudad, en plazas, superbonitas, llenas de gente paseando con sus vasijitas… una pasada, vaya. En Baden-Baden sólo había casas de masaje, supermercados horribles sin un atisbo de compasión por los que disfrutamos de nuestra gordura (¡todos los alimentos eran dietéticos! Y lo demás estaba dedicado a la belleza. Para que os hagáis una idea, si en total había unas 8 estanterías de productos, una entera estaba dedicada a los tintes de pelo… ¿os parece normal?), muchas cuestas… y eso sí, un spa gigante con tres tristes fuentes en línea recta, que sabían muy parecidas, y de las que no bebía nadie! Yo creo que Jacobea, Isra y yo fuimos las únicas personas que lo probamos esa semana…o ese mes, vaya usted a saber. Podía estar el agua envenenada sin que nadie se diera cuenta… Pero bueno, a pesar de eso, la ciudad muy mona, eh? Además, tenía un Butlers. Butlers es una tienda de cosas "guays" para la casa. Por ejemplo, Isra y yo pasamos el viaje enamorados (no entre nosotros, oiga) de una almohada-polo que vendían en Butlers (es que toda Alemania estaba plagada de estas pintorescas a la par de divertidas tiendecitas). La poloalmohada se basaba en: un cojín de dos colores con forma de polo, y un palo de gomaespuma que salía del interior, que hacía las veces de palo del polo. Vamos, toda una monada. Pero el coche ya estaba colmado, así que nos fuimos con las manos vacías. Luego marchamos al camping más cercano a dormir en la habitual tienda de campaña, y nos levantamos con la habitual cara de "cinco minutitos más… porfiii…." Freiburgo era una ciudad bonita. Además tenía una tienda de peluches gigantes de los que todos nos enamoramos. Sobre todo Isra. La iglesia era grande y oscura, casi tenebrosa. Echamos un ojo por la ciudad, y nos dispusimos a cruzar la frontera alemana. Todo pasó muy rápido. Llegamos a un sitio, cruzamos un puente, y de pronto estaba todo en francés. Por culpa de aquello tuve que deshacerme de los dos sellos alemanes que había comprado anteriormente, y hacerme con otros tantos válidos en franchutelandia. No me preguntéis cómo, pero el caso es que Bea también sabe francés… y creo que gracias a ella salimos con vida. ¿Qué había en Francia? Muchos franceses, principalmente. Vimos Colmar allá por el medio día, una ciudad próxima a la frontera con bastante encanto. Casi un pueblecito, diría yo. Nos comimos allí unas crepes de lo más cremosas y partimos rumbo a la ciudad menos hospitalaria de américa: Lyon. Nos dejamos timar en una cafetería (me dirá usted que 3 euros por un chupito de café expresso no es un robo…) y pasamos al estado de consciencia habitual: las calles están sucias y la gente puede ser muy desagradable. Sé que parece obvio… pero es que en Alemania, Suecia y Dinamarca esas cosas no pasaban! Cuando salimos de Lyon pusimos rumbo al camping más lejano, y acabamos en un pueblecito llamado Remoulins, o algo así. Era 25 de Julio, y además muy tarde. El primer camping al que fuimos estaba lleno, y el segundo también. Al tercero le pasaba lo mismo… y en el cuarto pudimos comprobar que no es que estuvieran llenos… es qeu a partir de cierta hora los ponen como llenos y no aceptan más gente. Total, que eran las 23.00 de la noche y no teníamos donde dormir. Probamos con un camping más, y… justo cuando estábamos a punto de perder la esperanza, ¡encontramos un albergue! El señor que se encargaba de esas cosas por allí nos dijo que su albergue estaba lleno y que lo sentía mucho. Total, que acabamos en un hotelillo del centro de Remoulins, donde nos dieron una habitación para los cuatro por 67 eurillos. La parte mala del asunto es que sólo había dos camas, y aunque yo quería dormir con Jacobo al final me tocó con Isra… Creo que no le gusto, porque no intentó abusar de mí en toda la noche… =( Cuando despertamos ya era de día, y queríamos llegar a Madrid antes de que fuera de noche, así que hicimos kilómetros, kilómetros y kilómetros, comimos en un pueblo catalán de esos que están siempre cuesta arriba, vayas en el sentido que vayas, y llegamos a Madrid a las 20.XX de la noche. Siento dar tan poco detalle de este último trozo del viaje… pero fue lo último que suciedió y lo tengo menos reciente… ¡recordad que mi memoria es finita y volátil!

Total, que el viaje una pasada. Además de aprender mogollón de cosas, conocer las ciudades más importantes de Alemania, ver mundo y poder comparar otras culturas y otras civilizaciones con la nuestra (cosa que nunca está de más), fue, al menos para mí, una oportunidad de oro para conocer más a fondo a mis tres compañeros de viaje, que no tuve ocasión (ni intención) de desaprovechar! Así que, chicos, si leéis esto… ya sabéis lo que opino. Este viaje ha sido, sin duda alguna, algo para recordar. 

¿Para cuándo el siguiente? 

PD: [El viaje desde otra perspectiva en el blog de Isra! ][Bastantes imágenes valen más que muchas palabras: fotos de Jacobea!][Para no perderse en Alemania: mapa del itinerario seguido por nuestros intrépidos aventureros]

PDD: …y al final, sí, matamos a Bill…

-Tabs- 

algo para recordar (vol 1)

  Sigo pensando que, cuando estábamos delante del ordenador de la DdA, malutilizando recursos del alumnado en beneficio propio, Isra y yo no teníamos ni la más mínima idea de lo que iba a suponer. Sí, siempre sabes algo… Europa, dormir en el suelo, comer de bocatas todos los días… sí, por qué no? Suena atractivo.

  Resumiendo el viaje, creo que puedo probar la existencia (puede que no unicidad) de una palabra que sin duda es acorde con prácticamente todo… "color". Para el primer ejemplo no hay que debanarse mucho la cabeza ni avanzar mucho en el tiempo. Quizás sí un poco. El avión se retrasó más de una hora. Pero una vez que habíamos subido… no os lo vais a creer, pero resulta que los aviones de RyanAir (al menos el nuestro) están alegre (y dañina) -mente coloreados con los colores propios de la compañía. Odio, odio, odio esa combinación. La odio desde la boda de mi padre. Veréis, mi hermana llevaba zapatos falda y [cosa de arriba que bubre desde la cintura hasta el cuello (o más abajo si fuera o fuese preciso)] con el siguiente algoritmo cromático: azul, amarillo, azul (y creo recordar que llevaba si no una diadema una cinta del pelo de color amarillo). Desde ese momento, que pude apreciar tal exquisita combinación de colores, decidí que el azul y el amarillo eran mala combinación. Ciertamente, si lo ves en algún momento de tu vida no vas a ponerte a chillar, ni a escandalizarte, ni a llorar, sufir, matar, pegar o incluso suicidar. Pero imaginad que os meten en una cabinita chiquinina sentados en un asientucho… (por cierto, con la bandeja de la zampa dentro del posabrazos (que… para lo que sirvió… por no servir no nos serviron ni la bolsita de cacahuetes de rigor! :( … cosa del low cost)) …un asientuchito, qué diablos! Una cosa rígida como una golosina abandonada a su suerte en la sequedad del desierto, y encima con cinturón para que no te muevas! Ya mires abajo, arriba, a la venta (hasta la maldita persiana de la ventana tenía el mal gusto en el cuerpo!), a Isra… daba igual, todo era azul y amarillo. Fue un vuelo azul y amarillo. Azul y amarillo. Y ni siquiera colores flojitos pasables, de buen gusto y armonía, no… Azul obrero (sin polvo, recién salido de la lavadora (el mono de trabajo, no el obrero)) y amarillo pollo (pollo chillón, no del calladito ese que parece que no haya tomado en sol en su vida del que venden en ahorramás… que no sabes si te estás comiendo un pollo o un bote de pintura blanco-nucelar). Sé que el vuelo en avión Madrid-Lund es la parte menos interesante de un viaje por Europa en coche con tres amigos, pero… Pero es que creo que aún no habéis percibido mi angustia. Os pongo en situación. Pensad en el color que más odiéis. Ese no. Otro peor, piensa! Ahora únelo con el color que escogiste el primero, y satúralos lo más que puedas, lo más chillones posible! Ahora combínalos. Pinta tu habitación con ellos. Todo lo que tengas! Tienes un póster? Desatúralo píntalo sólo con esos dos colores. El suelo de uno de ellos y el techo de otro. Bien, estupendo, excelente. Ahora dale una buena luz blanca para que luzcan en todo su esplendor, y trata de pasar allí las próximas tres horas de tu vida. ¿Te gusta? A mí tampoco! (RyanAir son una panda de horteras…) Ahora que entendéis mi situación, comprenderéis que nada más despegar me desmallé (no por necesidad de sueño si no por exceso de color) y no levanté (la) cabeza hasta Lund. ¿Qué es Lund? Os sitúo. Bea y Jacobo y (de hecho) pareja de hecho, estudiantes (Jacobo ya ejerce, para qué os voy a mentir) de física, se marcharon un año acompañados de su chucho "Turrón" a vivir la vida loca a una pequeña y encantadora ciudad universitaria al sur de Suecia. No Suiza. SUECIA. Con una casita enorme en medio del verdecito pasaron allí un año con alguna que otra visita examinista y-u-o navideña, y llegó el momento de volver. Como resultó por alardes del destino (o porque se lo llevaron a la ida, una de dos) que tenían allí un coche, y tenían que traerlo de vuelta, pues después de muchas volteretas y un par de vinos, decidieron permitirnos al hombre de los pelos revueltos y a mí regresar junto a ellos en el coche. Para el viaje de vuelta cruzaríamos desde su encantadora casa (llena de color) hasta Madrid, pasando por Alemania y Francia. Total, un viajazo. Este es el B-Log de ese viajazo. Lo sé, lo sé… tenía que haberlo escrito hace…¿Cuánto? 20 días! Made de Dios… y yo que tenía que estudiar… ¡llevo 20 días ya en Madrid! Ha, no no no…. que es 9.. llevo sólo 13! =) Relax! Aaaaal caso! Que mil perdones de parte de la pereza de Tabs, y que ya estamos en ello. En cualquier caso, quiero comunicar que sólo escribo esto para destruir y machacar a los insistidores insistentes que dejaron amenazas y disturbios verbales contra este humilde narrador. (En la razón que llevaran ya no me meto) y…. pues eso.

  El 12 de Julio Paloma nos acompañó a Isra y a mí a Plaza Moncloa. Lo cierto es que el vuelo salía ese mismo día a las 15.00, y bueno… tenemos 20 años, el tiempo transcurre deprisa, nuestras mentes despacio… aún no nos habíamos sacado el carnet del ISIC… Para el que no lo sepa, todo nuestro interés por este cacho de plástico que guarda entre sus lados la proporción aúrea (como dios manda, y nunca mejor dicho) estaba fundamentado en que a Paloma, por designios gringos (que a las alturas que estamos viene a ser lo mismo que "divinos"), entró por 10$ a una ópera de tropecientos mil tantos. En cualquier caso, parecía una oportunidad desperdiciada, y sí que es verdad que en los museos nos robaron menos por llevar el cacho de polímeros aquel. En cualquier caso, tras operar como estaba indicado, nos hicieron los carnets (mire usted, que fue al momento) y fuimos en metro hasta Barajas. Por infortunios del destino, nos gastamos nuestro primer euro (los 6 de la tarjeta no contaban) en que Gallardón nos dejara salir del metro (ya se sabe que como no encontró el tesoro perdido tiene que remontar la lista de gastos como sea). Isra fue más listo, salió del metro una estación antes, y luego vino andando (y llegó, si no zozobrando, al menos sí zozobrado). Tras la larga espera a la que ya he hecho alusión, un par de checkeos rutinarios (yo no, pero Isra tiene unas pintas de terrorirsta que no puede con ellas) y una comida chunguísima (…recuerdo que el hombre que los servía nos vió jóvenes y desdinerados, le dimos pena, y rebuscó y rebuscó para encontrarnos los dos filetes más grandes del cacerolo… ¡qué hombre más majo! …la cosa es que vió a Pérez más gordo que a mí (¡qué hombre más majo!) y le dió el más brutal de los susodichos) pero carísima en bandejas de plástico de ese que se rompe si le aprietas demasiado, logramos llegar a nuestra colorida embarcación. Cuando el aparato aterrizó y nosotros despertamos, Jacobo y Bea nos recogieron en el "airport" de una ciudad con un nombre muy raro: "Malmö" o "Mälmo" o "Algo Así", y nos llevaron a su casita. Bebimos un poco de cerveza (todos menos Jacobo que es alérgico a las burbujas o algo así) y fuimos al Willi’s, un típico supermercado Sueco… ¡Se respiraba el ambiente Sueco! Había centenares de panes (incluso de centeno!) y muchas salchicas, y golositas al peso y… y… ¡qué hambre! Compramos chicha y sal-chichas y Pérez se encargó de pedirle por teléfono la receta a su madre para hacer un adobo de esos que te chupas los dedos hasta que te haces sangre después de comértelos si no has podido disponer de cuchillo y "fork" (o al revés). Esa noche comimos un intento de sushi, que acabó siendo arroz, alga y pescado crudo al vuelo en forma de picoteo. Al día siguiente, Bea y Jacobo (sospecho que en un infructuoso intento de deshacerse de nosotros) nos mandaron a la capital del país vecino, Copenhague, sólos e indefensos. Nos dejaron en la estación del tren, y Pérez consiguió entenderse con la señora de la ventanilla, que nos dió dos billetes Malmö-Copenhague ida y vuelta por un módico precio que no me atrevo a desvelar. Cuando llegamos allí, la segunda cosa que más me sorprendió fue el colosal tamaño de la estación. Estructura de esas de hierro y cristal… alucinante, chicos. La primera cosa que más me sorprendió fueron los baños. No es (sólo) que estuvieran sucios. Es que encima, tenían un cartelito encima de los lavabos en el que te explicaban sin ningún tipo de delicadeza que "lavar tus manos es gratis. Para otros usos, pagar 5 coronas". Os voy a introducir al mundo de las coronas. Las usan los reyes, los príncipes, los horteras, los suecos, los daneses, los noruegos… y seguro qeu algún tarugo más. La corona Sueca estaba prácticamente a 9 coronas un euro. La Danesa a 7.5… y los precios parecen estar puestos en términos de 10 coronas un euro (en ambos sitios). Y encima, aún con ese cambio ideal, estaba caro! En cualquier caso, nosotros contábamos con una moneda de 20 coronas que nos había dado Bea para poder coger las bicicletas que estaban por ahí atadas en las calles. Ah, sí, las bicicletas. Copenhague y Lund están colmadas de bicicletas. Si añadiéramos una bicicleta más a cualquiera de las dos ciudades, el mundo probablemente estallaría y explosionaría. Para ser más concretos, en Copenhague había incluso bicicletas gratuítas. Son para guiris. ¡Tienen hasta un mapita en el manillar! …no me digáis que no son monos. Son un poco caquitas… de hecho no tenían frenos… ¡teníamos que frenar dando marcha atrás! Pero la verdad es que nos vinieron muy bien. Fue toda una aventura conseguirlas, porque escasean bastante (y me imagino que en verano aún más). Para cogerlas hay que hacer como en los carritos de la compra, hay que meter una moneda, que luego te devuelve al dejarla donde la cogiste. Estos puntos de bicicletas se llaman "racks". De hecho, creo que fue la palabra del día. Cuando conseguimos la primera, nos quedamos sin moneda de Bea… y justo en el momento en el que estábamos buscando un "CHANGE" para cambiar… ¡Pérez encontró otra libre de costos! (y de costo) La ciudad en bicicleta fue una gozada. Estaba lleno de casitas de colorines, con techos muy pronunciados para las inmensas lluvias que deben sufrir… y un río mega limpio y mega bonito! (nada que ver con el Manzanares, como imaginaréis). Resultó que la ciudad estaba en medio de un festival de Jazz… y aparcamos las bicicletas para ver un poco del espectáculo. Debo hacer un pequeño paréntesis, y es que este es uno de los momentos del viaje que me hicieron reflexionar un poco. Había gente mayor bailando Jazz. Atendiendo, disfrutando, moviendo involuntariamente los pies… Un par de parejas bailoteaba al swing de la música… Estaba repleta, chicos, repleta… la plaza llena. Una plaza enorme, no os creáis. Y hay más. La gente mayor, la tercera edad, la anciandaz danesa iba en bicicletas. No me imagino a mi abuela yendo en bicicleta. De hecho no me imagino a vuestras abuelas yendo en bicicleta, ni bailando Jazz… ¡ni siquiera escuchándolo! Una vez intenté ponérselo a mi abuela y me dijo "¿qué es esa cosa horrible que suena?" …¿tanto daño hizo el franquismo a la cultura española? …porque si es así: "ju…". Se supone que el Jazz era la música del momento, el Andy y Lucas (con calidad, digo) de la época de nuestros abuelos… ¿tanto les arrebató la dictadura, que ahora no se pueden ni mover…? Sólo puedo decir: snif. En cualquier caso, los españoles estamos en muchos aspectos bastante retrasados frente a los países del norte de Europa. Sin ir más lejos, allí no roban bicicletas, hasta el punto de que la gran mayoría están por ahí aparcadas sin cadena. Tienen un pequeño dispositivo que bloquea la rueda de atrás, y algunas ni eso. Lo difícil allí no sería robarlas… ¡sería elegir cuál quieres robar! Había literalmente cientos de bicicletas, no os lo podéis ni imaginar… En cualquier caso, a nosotros sí nos robaron la guiri-cleta. Mientras veíamos el espectáculo de Jazz… (manda huevos, eh? …malditos guiris) En Copenhague nos encontramos con algunos otros guiris, que enseguida entablaron conversación con nosotros, nos tomamos las cervezas más caras de nuestra vida, y vimos otra de esas cosas que los españoles no somos capaces de hacer bien y que el mundo civilizado sí… Se llamaba Cristiania y estaba al sur del centro de Copenhague. Era un recinto abandonado hasta que unos simpáticos "okupas" lo restauraron, y crearon una comunidad verdaderamente abierta y verdaderamente autogestionada… ¡Que les sirva de inspiración a los de la faKultad Khunga! Resulta que en esa comunidad (era muy grande!) punki, había un bareto con una terracita superchula con música en directo. ¿Adivináis qué tipo de música tocaban esos tipos tan raros, con anillos en la nariz y ropas de cuero? …Jazz, hijos, Jazz… Ni punk, ni Oi! ni mierda de esa. ¡Estaban tocando música! Después de muchos rodeos y una de las ciudades que más me ha gustado de todos los viajes que alguna vez he hecho, regresamos a casita agotados y deseando cenar algo decente. Al día siguiente vimos Malmö, y logramos que Isra nos hiciera una confesión harto interesante: el pobre sólo tenía dos pantalones largos (más tres cortos) y cinco camisetas para todo el viaje. Antes de salir a Copenhague, el pobre se manchó con mermelada de mora (que como bien os dirá vuestra abuela si le preguntáis no se quita) la primera camiseta y el primer pantalón. Pues bien, en lo que podemos denominar "la última cena en Suecia" de forma local, el 14 de Julio, mientras comíamos con ansia y amor la sabrosa carne a la brasa que antes Isra había macerado, ocurrió una de esas cosas que no suelen ocurrir. Una paloma surcó el cielo y defecó al que estuviera debajo. Si había dos centímetros entre la mesa y la camiseta de Isra, el meteoro fecal pasó justo por enmedio, alimentando la suciedad de los pantalones de Isra a su máximo exponente. El pobre no pudo contener las lágrimas de la perplejidad (y descojono) de lo bien calibrada que estaba la paloma. Al día siguiente, con aún menos ropa, empacamos, despedimos para siempre jamás, y salimos de Suecia. Luego todo fue muy azul. El barco tardaba 4 horas en cruzarnos a nosotros, nuestro equipaje, al coche y demás usuarios. Fuimos incapaces de no observar que los suecos no tienen ATP (LANES), jugamos al go (ese juego tan chulo con fichas redonditas blancas y negras que no es el reversi, el tres en raya, el backgamon ni las damas) y al ajedrez, y proseguimos ya en tierra nuestro viaje. Para que veáis el alcance de mi memoria, os diré que no recuerdo el nombre del primer pueblo en el que paramos. Tenía una preciosa plaza redonda con casitas encantadoras y de colorines, y una panadería con baños gratuítos. Probablemente tuviera más cosas, pero no nos dió tiempo a verlas. Jacobo condujo todo el día hasta que llegamos a Berlín. Luego todo fue muy amarillo. Veréis, os voy a contar dos cosas sobre Berlín. La primera es que es una ciudad MUY MUY MUY calurosa. La segunda es que tiene al menos una calle que tiene el mismo nombre que otras dos calles. Pues bien, nuestro camping ya reservado estaba en una de esas tres calles. Nuestro amigo TomTom nos guió amablemente una por una (no os creáis que estaban al menos cerca, no… estaban como a 14 kilómetros unas de las otras, haciendo un perfecto triángulo equilátero) hasta que, en la segunda, nos dimos por vencidos y llamamos para acortar. El camping no estaba mal, era caro pero las duchas eran gratis y las bicis muy baratas. Alquilamos bicicletas para ver la ciudad, sí. ¡Es que era muy grande! Inmensa, una ciudad inmensa. Super espaciosa, de esas que puedes extender los brazos en casi cualquier punto sin golpear a nadie. Todo super nuevo, super moderno… super encantador, vaya. Las cerves estaban baratitas en la cafetería, tenían wifi gratis y musiquita todas las noches (¡hasta incluso en las que intentábamos dormir!). El desayuno era asequible, y te duchabas con otros hombres desnudos en la misma habitación, así que todo estupendo =P. Berlín fue sin duda la visita más productiva de todo el itinerario. Jacobo nos explicaba con emoción los pasos históricos de la ciudad, desde la Alemania nazi hasta el muro de Berlín. Al parecer, durante algún tiempo, una cuarta parte de la ciudad era propiedad privada de la URSS, y el murete dividía los dos cachos. Para hacer el muro, los muy chungos, ¡tiraron incluso una iglesia! Pudimos ver trozos del muro que quedaban por ahí en plan "monumento histórico" y uno de los puntos de checkeo para cruzar la "frontera". Pérez y yo nos compramos ropa y una gorra en un tremendo centro comercial, donde tuvimos que repetir visita, porque vendían unos maxihelados de tres bolas por dos euros y poco que se te caía la baba. También vimos un coso llamado "Sony Center", que era otro tipo de centro comercial, con baretos y esas cosas, pero con un estilo muy cool… cómo decirlo… Era un recinto como con forma de elipsoide, cerrado por los laterales y el cielo, de acero y cristal, con una especie de punta rara por dentro que parecía un rayo de plasma gigante…o algo parecido. Yo sigo pensando que en realidad es un arma preparada para acabar con el resto del mundo (o con otro mundo, dado su tamaño) cuando haga falta, y que mientras tanto lo usan para sus momentos de ocio. Cerca de allí, vimos también una girafa del tamaño de Luxemburgo hecha con piecitas de Lego, y un Albert Einstein del mismo material, que sacaba la lengua y movía los ojos! Toda una obra de ingeniería. Sobre Berlín poco más que contar. Había unos cuantos museos que realmente merecieron la pena. En el último que vimos, el de historia alemana, invertimos 5 horas de nuestro tiempo, y nos quedamos con ganas de algo más de tiempo. Una colección gigante, con explicaciones de cada uno de los períodos y eventos del país. Francamente, con todas las cosas que han pasado allí, brutal. Visita obligatoria. Cuando salimos del museo, nos quitamos los zapatos, nos comprimimos, y nos metimos en el coche rumbo a nuevos destinos. Era 18 de Julio. Leipzig (pronunciado Laipsig, dice Paloma) era según la guía y según nosotros una ciudad verdaderamente encantadora. Desgraciadamente no recuerdo demasiados detalles, y además estuvimos poco tiempo, pero había sido el alojamiento de algún que otro genio alemán de esos a los que les gusta que les escuchen. Vamos, o Bach o Wagner. De hecho, estaba la tumba del chico este… eh… Johan Sebastian, sip. En una iglesia muy bonita pero poco iluminada. ¡Tenían hasta una colección de instrumentos y escritos del señor! Cuando se hizo tarde nos largamos, y dormimos en un camping de esos gigantes llenos de personas en los que te cobran por ducharte (rancios!). No sé si fue antes, después o en esa noche, cuando surgió el primer atisbo de historia de amor israeliana. El caso es que dormir todos juntos y apretujados da lugar a abrazos y mimos improcedentes…

¿Quién será el improcedente amor de Isra? ¿Qué ciudad visitarían después nuestros aventureros protagonistas? ¿Cuántos peligros les desentrañarían las entrañas de Alemania? ¿Lograrán salvar a la princesa?

…Por motivos comerciales, Miramax nos obliga a cortar la historia en dos… así que mañana (o pasado si hay pereza (o toca Pereza)) intentaré sonsacar de mi vieja y cansada masa cerebral lo que nos queda del viaje…

Dormid con la almohada, novia-u-o y-u-o peluche, según las posibilidades que tengáis.

 Buenas noches!

-Tabs- 

Trivial: Obviedades y otras aberraciones de la naturaleza humana

Pero Tabs… tú ya tienes un Blog… ¿no?

 Eo…euh.. sip. El caso es que no escribo… porque mira, tengo el Blog lleno de cosas sin párrafos del orden de cuatro páginas de magnitud… y oye, estar ahora posteando día sí y otro no sobre cosas tan triviales como la trivialidad en sí misma… pues oye, es un poco estropearlo, no? Sí, lo sé, lo sé… los cambios de estilo, la maduración del lenguaje, blablabla son cosas buenas, sí… peeero! Ni ganas, hijo. Total, que el otro lo conservo para estarme 2 horitas cada dos meses escribiendo para mentes ágiles (léase: mente que cuando va por la línea número 34 sabe distinguir cuál es la 35 sin perderse en un mundo de malvadas y perversas líneas horizontales llenas de horribles y perversas letras latinas que en lugar de formular ecuaciones formulan palabras) y este… pues oye, que me ha dado envidia Isra, ¿y qué? Lo cierto es que todo esto es culpa suya. Es tan culpa suya que, por no disimularlo, me he abierto este chunche en la misma (empresa?) página que él…. así que bueno, supongo que tocará meterle en los clasificados… ¿no?

Y hablando del tiempo… es muy tarde y me voy a mimir, que si no Paloma mañana me mata. Ya he inagurado, ya me siento guay. Fin de la historia. (Y recordad que el chungomsn (esto es: http://spaces.msn.es/thebluebus) tengo fotitosh y log-ones… y las entradas más absurdas que pone la gente en las búsquedas del google que les redirijen al espacio en cuestión)

 Dormid con los peces.

-Tabs-